Nos dirigíamos al Matadero
Franklin, para algunos del grupo un destino poco atractivo, el idealismo tomaba
fuerza en ellos y de frentón generaba repulsión
la posibilidad de permanecer con el resto de sus compañeros, tomando distancia
y apartándose del atravieso.
Me parecía familiar el nombre del
matadero franklin, pero nunca había ido, me imaginaba nuevamente algo muy
distinto de lo que era, no conocía sus límites ni menos la idea propia del
lugar, por eso me seguía intrigando su descubrir.
Un peculiar olor nos indicaba ya
que bordeábamos el matadero, para algunos un aroma insoportable al punto de
taparse la nariz. Nos adentramos, pero al parecer ya muchos nos queríamos ir, andábamos uno pegado al otro, daba la sensación de que
nadie le parecía atractivo el atravieso del matadero y solo esperábamos que los
profes nos guiaran ya! Encontramos personajes
que nos pudiesen brindar más información
y de pronto sin darnos cuenta que estábamos tapando el pasillo de la galería un
trabajador nos pedía permiso mientras cargaba en su espalda la mitad de una
vaca sin piel y muerta pero… era tan evidente la forma del animal que ya comenzaba
a entender porque algunos compañeros no quisieron acompañarnos. Los murmullos sobre de la matanza animal y del
consumo de la carne, mientras conversaban con nosotros ciertos personajes históricos
del matadero, eran la tónica de nuestro andar pero ahora que lo pienso un poco más,
la permanencia de este mercado a través del tiempo y su traspaso de generación en
generación es un claro ejemplo de la capacidad de adaptabilidad por costumbre cultural
de las personas, nos contaba que existía una hermandad entre ellos y que su
capacidad de organización entre sus trabajadores han forjado el cimiento en
roca de este comercio, enfrentando diversas variables, de tiempo, de reubicación,
de leyes e incluso de catástrofes como incendios.
Nos dirigieron a una sala tipo cede del matadero donde conservaban
y exponían una cantidad de fotos que reflejaban las recién nombradas variables.
Se escuchaba un aullido cercano y no falto la mala broma de que se estaban
cocinando a un perro, es que el lugar lo ameritaba.
Nos fuimos de ahí y nos juntamos con los compañeros que no
quisieron entrar y comenzamos a caminar hacia San Diego atravesando todo el comercio
persa del sector, si querer nos fuimos segregando ya que las ofertas parece que
estaban muy rentables jajá, luego nos dirigimos por dato de la profe a la Comunidad
Andalucía que eran un conjunto de viviendas progresivas y sociales muy
interesante de estudiar y por supuesto de recorrer y visitar.
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